cicatrices

La cicatrización de la piel es un proceso complejo e intrínseco a cada persona, condicionado por el tipo de piel, la edad, la zona del cuerpo y por la genética. Por ello, no podemos estandarizar el tiempo de cicatrización ni el resultado de la misma para todas las personas y hay personas a las que les lleva más tiempo que les desaparezca una cicatriz que a otras.

Una herida superficial que sólo daña la epidermis, no deja rastro. Aquellos traumatismos más profundos, que alcanzan la capa más profunda de la epidermis, o que llegan a la dermis, dejarán una marca más o menos intensa en función de la capa que se llegue a dañar y del tamaño de la herida

La piel tarda un año en recuperarse por completo de cualquier traumatismo, ya sea una herida por abrasión, un roce, o una incisión. Por tanto, debemos considerar que hasta que no pase ese tiempo, siempre hay posibilidad de que la cicatriz pueda mejorar, llegar a desaparecer, o mejor dicho, volverse imperceptible.

Favorecer la desaparición

Para favorecer su desaparición es conveniente saber que una piel hidratada conserva sus características de elasticidad y se recupera mejor. Por tanto, aplicar emolientes adecuados en la zona dañada ayudará a renovar la piel, y a conseguir que la cicatriz sea poco visible. Hoy en día podemos aplicar varias veces al día geles de silicona o parches que contienen ácido hialurónico, aceite de rosa mosqueta, entre otras sustancias hidratantes con conocido efecto cicatrizante.

 Es muy importante no exponer al sol la zona, ya que los rayos UV pueden favorecer la hiperpigmentación de la cicatriz. Por tanto, los cuidados diarios se deben basar en fotoprotección intensa e hidratación.

¿Qué pasa con las cicatrices de una operación?

En el caso concreto de las cicatrices de una operación son heridas profundas que afectan a todo el espesor cutáneo y, por tanto, su proceso de cicatrización es más complejo y prolongado, y además requiere de unos cuidados específicos, sobre todo en sus fases iniciales, para evitar la infección de la misma.

Desde el primer día tras la intervención y hasta la retirada de los puntos de sutura o de las grapas, y más allá siempre de que siga existiendo costra en la zona, debemos lavar con agua y jabón suave una o dos veces al día la herida, realizando masajes circulares sobre ella, y aclarando a continuación. Después, hay que secar muy bien la zona, y aplicar povidona yodada como antiséptico.

Lo ideal es mantener la herida quirúrgica al aire, siempre que las condiciones externas lo permitan (no roce, no contacto con polvo o suciedad). Una vez retirados los puntos de sutura o las grapas, y cuando la costra ya haya desaparecido, lo más adecuado, es usar parches que lleven ácido hialurónico, ya que suelen cubrir las dos necesidades básicas del proceso de cicatrización: fotoprotección, ya que al llevarlo tapado, no hay posibilidad de exposición solar; e hidratación, debido a la liberación paulatina de ácido hialurónico.

Es muy complicado conseguir una desaparición completa de una cicatriz de origen quirúrgico, pero podemos llegar a obtener buenos resultados con cicatrices mínimamente visibles, si seguimos las recomendaciones indicadas. No obstante, la localización, el tipo de sutura y la predisposición personal de cada individuo son factores que pueden influir en el resultado final de la cicatriz.

Láser y otras técnicas

Una vez que ya no existe costra y la cicatriz está en fase eritematosa, el uso de láser específicos que favorecen la producción de colágeno puede ayudar a lograr un mejor resultado.En algunos casos la inyección local de Plasma rico en plaquetas o ‘PRP’, gracias a su alto contenido en factores procicatrización, también pueden contribuir a una cicatrización más rápida y de mejor calidad.

Asimismo el masaje sobre una cicatriz, con productos específicos, puede ayudar a romper las fibras elásticas que puedan ir formándose en la zona, y a mejorar el proceso y el resultado final siempre bajo el consejo de nuestro especialista.

 

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